lunes, septiembre 20
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Cristo de la Buena Muerte

La imagen Titular de nuestra Cofradía, el Cristo de la Buena Muerte, es un Crucificado realizado por el escultor valenciano Enrique Pariente Sanchís en 1943. Constituyendo ésta por tanto la octava imagen en antigüedad de las que procesionan en la actualidad en la Semana Santa Ubetense.

Sin embargo la llegada a Úbeda de esta imagen no tenía como objeto la de ser Titular de la Cofradía homónima, sino que llegaría a Úbeda como consecuencia de dramáticos sucesos acaecidos a lo largo de la Guerra Civil.

Finalizada la Guerra Civil, tanto la Iglesia de San Miguel, como la de San Nicolás serían los primeros templos en volver al culto en Úbeda. La Iglesia de San Miguel que había sido bendecida y abierta en 1929 tras un enorme proceso de recuperación del templo primitivo, si bien había perdido toda su ornamentación interior, en cambio mantenía sus estancias e instalaciones. Con la rápida vuelta de los Carmelitas a su Convento de Úbeda, sería Doña Ana Benavides quien realizaría la donación a la Iglesia del Convento de los Carmelitas de la dotación ornamental completa de la Capilla del Sagrario para la Iglesia. Creándose además paralelamente en esta Capilla del Sagrario un enterramiento en el que se reunirían los restos mortales de seis los miembros de la familia de Doña Ana Benavides que fueron asesinados a lo largo de la Guerra Civil.

El encargo de la dotación de la Capilla del Sagrario recaería en el Agente Comercial afincado en Valencia, José Merlo Bonet, quien ya habría vendido previamente varias obras de arte religioso más a Dª. Ana y su madre como donaciones que estas harían también a las iglesias y conventos de Villanueva del Arzobispo, ciudad oriunda de la familia. Resultando muy llamativo el gran número de obras de arte religioso que José Merlo suministraría a varios clientes en la provincia de Jaén en la década de los años 40 en distintas ciudades a pesar de los duros momentos que trajo la posguerra. A pesar de ello, el señor Merlo, supo relacionarse a la perfección con clientes y personalidades muy importantes de aquel momento en nuestra provincia como puedan ser, además de la familia Benavides, Dª. Regina Barberán en Arjona o el Conde de la Quintería en Andújar. Pudiendo encontrar también las huellas de José Merlo y de las obras de arte que esté vendió en nuestra provincia en ciudades como Andújar, Arjona, Jaén, Úbeda, Sorihuela del Guadalimar, etc.

El encargo de la dotación de la Capilla del Sagrario se realizaría en Úbeda en noviembre de 1942, aprovechando una de las visitas que el Agente Comercial hizo a Villanueva del Arzobispo con el objetivo de hacer el seguimiento a la instalación en esa ciudad de unos altares que habría llevado hasta esa ciudad. La Capilla del Sagrario tendría su materialización a principios del verano de 1943 cuando ésta fue terminada de instalar. Y a pesar de que José  Merlo era la única persona que visitaba a sus clientes y que figuraba en los pedidos de esas obras de arte, hoy, tras una larga y compleja investigación, conocemos por fin a los artistas y artesanos a quienes el Sr. Merlo encargaba los distintos elementos que integrarían y darían forma a aquel pedido para la ornamentación de la Capilla del Sagrario de Úbeda. Y sabemos que José Merlo en aquel momento tuvo un núcleo duro de tres artistas, tres artesanos con los que trabajaría asidua y reiteradamente durante aquel periodo y que se encargaron de la creación de la dotación de la Capilla.

Hoy sabemos que el retablo fue obra del artesano y especialista en arte religioso Francisco Garcés Martínez, quien tuvo su taller en la Calle Viciana, 5 de Valencia y quien realizaría para José Merlo multitud de obras de arte.

Encontrando hoy en nuestra provincia además del retablo de la Capilla de Úbeda los retablos de la Capilla de la Virgen del Rosario del Convento de Madres Dominicas del Convento de Santa Ana (Villanueva del Arzobispo); el retablo de la Capilla del Cristo de la Expiración de Arjona o el realizado para la Capilla de la Virgen de la Esperanza de Andújar. De Francisco Garcés podemos encontrar además repartidos por toda España multitud de trabajos de enorme mérito y valía destacando los retablos realizados para distintas capillas de la Catedral Xátiva (Valencia). Como dato anecdótico reseñar que dentro del proceso de investigación llevado a cabo para identificar al autor del Cristo de la Buena Muerte, se encontró un boceto realizado por Francisco Garcés para José Merlo, un boceto que tendría como objetivo la realización de un gran retablo para el Altar Mayor de la Iglesia de San Miguel, un proyecto que sin duda tendría un coste desorbitado para aquel momento y que fue desechado.

En cuanto a los trabajos y piezas de orfebrería (la corona potenciada que tuvo originalmente Nuestro Titular hasta que empezó a procesionar en 1980, los veleros, las molduras, jarrones, candelabros así como el Sagrario) serían encargados por José Merlo al orfebre José David, titular de la firma “Orfebrería David” de Valencia, la cual continúa en nuestros días su actividad. El magnífico Sagrario con el que fue dotada la Capilla, se trasladaría al Oratorio de San Juan de la Cruz en la década de los años 70 para presidir el Altar Mayor, lugar donde se encuentra en la actualidad; mientras que la corona potenciada que tenía el Crucificado, pasaría a la imagen de la Virgen de la Ascensión (en la actualidad en la Capilla del Coro del Convento).

En cuanto a la talla de Nuestro Titular, el Cristo de la Buena Muerte, no sería hasta el año 2015 cuando se conocería su autor. Y esto fue debido a que como ya indicábamos, en principio la talla no fue concebida como una imagen procesional, sino que se destinaría a presidir la Capilla del Sagrario. A lo que se sumaría el que José Merlo condicionaba la realización de los encargos a su escultor, a cambio de que este no firmara sus obras, evitando así posibles encargos directos cliente-artista y la consiguiente pérdida de su comisión de intermediación. Llegando incluso en ocasiones a adjudicarse el Agente la realización de las tallas que vendía a sus clientes. Pero por fortuna, hoy derivado de ese trabajo de investigación, sabemos que fue la maravillosa gubia del valenciano Enrique Pariente Sanchís quien labraría la bendita madera que daría lugar a la magnífica imagen del Cristo de la Buena Muerte.

Enrique Pariente Sanchís (Valencia 1903-1987), un desconocido hasta hace muy poco,
hoy por el contrario sabemos que es el autor de un gran número de imágenes que realizaría para José Merlo en nuestra provincia. Entre ellas, las imágenes procesionales del Cristo de la Expiración “Señor de la Misericordia” y de la Virgen de Gracia para Arjona; las imágenes de Ntro. Padre Jesús Nazareno “Señor de los Señores” y Cireneo, de la Virgen de la Esperanza y del Cristo de la Expiración (Estudiantes) en Andújar. Encontrando también en esta última varias imágenes “de capilla” como un San Eufrasio, el San Miguel que preside el Altar Mayor de la Iglesia de ese mismo nombre, una Santa Cecilia y una Santa Teresa todas en la Iglesia de Santa María o un Jesús Rescatado en la Ermita de la Virgen de la Cabeza. Encontrando también en Jaén las imágenes de una Santa Catalina y un Santo Domingo de Guzmán realizado para las Dominicas de esa ciudad.

La obra de Enrique Pariente podemos encontrarla hoy repartida por toda España. Si bien, las circunstancias personales del artista y sus escasas dotes comerciales (como él mismo reconocería en varias de sus cartas) le llevaría a partir de los años 50 tras su ruptura laboral con José Merlo a causa de ese veto reiterado a que el escultor firmara o promocionara sus obras, a centrar el grueso de su producción en los encargos procedentes de la Orden de los Dominicos, gracias a la relevante figura del Padre Bienvenido Arenas (O.P.), a quien Pariente iba a conocer gracias a un amigo común, el antes citado orfebre José David. El Padre Bienvenido sería una de las principales figuras de la Orden Dominicana tras la Guerra, y desde su Convento de San Jacinto (Sevilla) realizaría a lo largo de la década de los años 50 un sinfín de encargos de escultura religiosa a Enrique Pariente, haciendo de este su escultor de cabecera.

Ese gran número de obras escultóricas creadas durante ese periodo y que encontramos hoy hasta en Cuba, serán sobre todo advocaciones relacionadas con la Orden Dominicana. Imágenes de la Virgen del Rosario, de la Virgen de Fátima, de Santa Catalina, de Santo Domingo de Guzmán o de San Martín de Porres saldrán en gran cantidad y de forma reiterada de su gubia con destino a las casas, Iglesias y Conventos Dominicos. De aquel frenético periodo de encargos para los Dominicos, ya a principios de la década de los 60, Pariente daría un giro a su carrera, concentrando su producción en la zona de levante. Y dentro de este destacan especialmente las obras creadas para la Catedral de Segorbe (un Cristo Yacente, un grupo escultórico de la Ascensión de la Virgen y un Crucificado). Unas obras en las que Pariente se desprende ya del encasillamiento iconográfico de los trabajos realizados para los Dominicos, retomando plenamente su estilo con la realización de este magnífico conjunto de obras.

En su último periodo artístico, a mediados de la década de los setenta y ya en las postrimerías de su vida, Enrique Pariente establecería una gran amistad con el Padre Josep Martínez Rondán, Párroco de la Iglesia de los Santos Juanes de Faura (Valencia), quien inmerso en una espectacular remodelación del templo, va a centrar buena parte de los encargos para la ornamentación de la misma en el escultor. Siendo ya su último trabajo en vida, precisamente un Crucificado para Faura, el llamado “Cristo de los Labradores”.

Como ya decíamos antes, las escasas dotes comerciales y de autopromoción que caracterizaron la personalidad de Enrique Pariente lastrarían notablemente la obra del escultor a lo largo de toda su vida. Lo que haría que, al contrario que sus compañeros de Generación, su nombre no fuese justamente conocido y, sobre todo, reconocido. Artística y estilísticamente la imagen del Cristo de la Buena Muerte sigue fielmente esos cánones clásicos heredados del más puro estilo Barroco al que antes hacíamos referencia y del cual, tras la Guerra Civil, Valencia y su zona de influencia iban a ser sin duda uno de los principales focos que impulsarán el renacer de la escultura religiosa procesional. Y será de la mano de una pléyade de grandísimos escultores, formados académicamente en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos principalmente, pero también en los talleres de grandes nombres como Benlliure, Rausell-Llorens, Pío Moyar, etc., quienes formarían la denominada “Escuela Valenciana”, un estilo muy definido y en el que brillarían además de Enrique Pariente, nombres como Enrique Esteve, José María Ponsoda, Carmelo Vicent, Octavio Vicent, Efraín Gómez, etc., etc. Un estilo de líneas sencillas, carentes de unas heridas exageradamente ensangrentadas o donde se sustituye el rizo en las telas y cabellos por gubiazos magistrales que imprimen toda la carga gestual, de movimiento y expresión a los rostros, cuerpos y telas, sin necesidad del uso de alardes técnicoartísticos o de apoyos pictóricos exagerados.

La imagen del Cristo del Sagrario se constituiría finalmente en Imagen Titular de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte en 1980 gracias a la mediación del Padre Carlos Quijano (O.C.), quien sería pieza fundamental para la mediación con la Orden Carmelita para que la Imagen procesionará finalmente con la Cofradía en el año 1980, habiéndose constituido canónicamente esta como tal apenas unos pocos meses antes. Sería un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, quienes inspirados y reunidos en torno a la figura del que hasta entonces era conocido como el “Cristo del Sagrario” y movidos por la devoción al mismo, quienes verían por fin como se hacía realidad ese deseo de constituirse en torno al mismo en forma de Cofradía de Silencio y con un marcado cariz austero y asistencial.

Enrique Pariente Sanchís, moriría en su domicilio de Valencia la mañana del día 2 de
enero de 1987, a la edad de 84 años, sin descendencia, pero dejando en cambio una enorme y valiosa herencia artística, aun que sin haber podido conocer el destino final de buena parte de ese legado, de buena parte de su obra artística entre la que, como hoy sabemos, se encuentra la magnífica imagen de nuestro titular, el Cristo de la Buena Muerte.

Leonardo C. Tallada Sánchez

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